Desde pequeños, los que hemos tenido la dicha de nacer en familias luchadoras, recibimos de nuestros padres la idea, errónea o no, de querer alcanzar grandes riquezas cuando lleguemos a la adultez. La idea no está del todo mal, sobre todo porque vivimos en una sociedad dominada por el consumismo y las apariencias, por lo que tener algo de dinero en el banco no nos quita ventaja en la carrera de la vida. De ahí que, cuando tenía 15 años y estaba por terminar el bachillerato, me prometía a mi mismo que tendría mi primer millón cuando cumpliera los 21 años. La verdadera historia, aquella que se compone de la realidad y del esfuerzo que amerita trabajar para alcanzar esa cifra, es que tengo 23 y aun no he conseguido ese primer millón. La primera idea que tendría cualquier persona es que a estas alturas debo estar decepcionado de mí, de no haber alcanzado una meta y de haber fracasado en el intento por tan solo llegar a una “X” cantidad de dinero. ¿Sabes cuál es la verdad? Tanto...
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